Con una impactante puesta en escena, que incluye fuegos artificiales, luces led, visualizers, bailarines y la joven orquesta de salsa Los sobrinos, Bad Bunny hizo delirar a un River colmado. Se disponía a recorrer, a lo largo de tres actos, las canciones de Debí tirar más fotos, su último disco, que reafirma sus raíces puertorriqueñas con melodías de salsa, bolero, plena, reguetón e incluso pop.
La primera de sus tres noches en Buenos Aires comenzó a las 21 con “La mudanza”, el tema que cierra el álbum y que rinde homenaje a su familia y su tierra. “Yo estoy seguro de que todas las personas que están esta noche son conscientes de lo que pienso del público argentino. Estaba loco por volver aquí. Los voy a poner a prueba”, dijo minutos después de “Callaíta”, el segundo tema, mientras dirigía el micrófono hacia la audiencia. Otros de los hits que sonaron esa noche incluyen “Pitorro de coco”, “Weltita”, “Baile inolvidable”, “Café con ron” y “NuevaYol”, además de grandes éxitos como “Diles”, “Safaera”, “Yo perreo sola” y “Tití me preguntó”.
Después de conquistar suelo norteamericano y llevar el orgullo latino por lo alto, tanto en los Grammy como en el espectáculo del entretiempo del Super Bowl, Bad Bunny regresó a Argentina para presentar su gira Debí tirar más fotos, con tres shows agotados en el estadio de River.
Antes de iniciar su tour mundial, el pasado 21 de noviembre en República Dominicana, el “conejo malo” realizó una residencia de 31 fechas en su Puerto Rico natal, titulada “No me quiero ir de aquí”, que convocó a más de 600 mil espectadores y generó un impacto económico millonario en la isla, con estimaciones que van de 379 a 700 millones de dólares, según estudios de mercado de Gaither International.
Una de las marcas registradas de su show actual es la aclamada “Casita”, una réplica de una vivienda tradicional del campo puertorriqueño, que funciona como escenario secundario. Allí, el cantante interpreta versiones acústicas de sus temas, interactúa con el público y aloja a invitados famosos. “Siempre me dieron cosa los VIP. Ese faranduleo raro. Entonces pensé: ‘¿cómo lo hago divertido?’. El VIP va a ser la Casita. Con su cocina, su sofá, todo. Que sea parte del show”, explicó el boricua a Billboard.
Bad Bunny aterrizó en Buenos Aires el martes pasado, a las 4:45 de la madrugada, y se hospedó en el Palacio Duhau. El miércoles, disfrutó de una cena privada en NESS, el restaurante del chef Leo Lanussol, en Nuñez. Rodeado de un fuerte operativo de seguridad, llegó al lugar alrededor de las 20:30, optando por un look que incluía lentes, gorra, capucha y un pañuelo que le cubría la cara. Durante la velada, se mostró relajado, amable y de buen humor, incluso charló con el equipo del restaurante y compartió algunos chistes.
El jueves por la noche, volvió a degustar la gastronomía local, esta vez en compañía de su ¿ex? pareja, la modelo y diseñadora puertorriqueña Gabriela Berlingeri, en medio de rumores de reconciliación. Les reservaron el primer piso del restaurante Aramburu para disfrutar de una cita romántica, como festejo anticipado de San Valentín, dado que el 14 de febrero coincide con la segunda presentación del boricua en River.
El despliegue de seguridad fue acorde a la exposición que atraviesa el artista, entre rumores de amenazas por sus críticas a la política migratoria de Donald Trump. Ingresó y se retiró del restaurante escoltado por al menos diez custodios, mientras cinco camionetas blindadas aguardaban en las cercanías. Sin embargo, al salir, se tomó unos segundos para saludar a los fans que lo esperaban en la vereda.
Cuando Bad Bunny se presentó por primera vez en Argentina en junio de 2017, todavía no tenía un disco publicado, pero ya contaba con varios éxitos y colaboraciones que lo habían posicionado como una figura en ascenso. En solo cuatro días, el puertorriqueño, que entonces tenía 23 años, hizo un tour por 13 boliches del AMBA, desde Pinar de Rocha hasta El Bosque de Quilmes.
A medida que su carrera despegaba, el cantante regresó al país en varias ocasiones. En 2018, agotó tres funciones en el Luna Park como parte de su gira La Nueva Religión Tour. En febrero de 2019, ante más de 20 mil personas, cerró el festival Buenos Aires Trap en el Hipódromo de Palermo y se presentó nuevamente en 2022, con dos shows sold-out en el estadio de Vélez.
En una entrevista con Billboard, recordó: “Fue bien emocionante porque la energía del público… Yo creo que todo el mundo está consciente de que la energía del público en Argentina es diferente”. También rememoró un momento complicado en su presentación del 4 de noviembre en el Estadio José Amalfitani: “Me quedé afónico, hacía un viento terrible. Pero aun así no me dejaron caer y yo sobreviví casi cuarenta minutos del show sin voz. Esa experiencia fue bonita”.
El artista puertorriqueño emocionó al público con su potente espectáculo en Buenos Aires.







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